jueves, 1 de agosto de 2019

La importancia de la tribu en mi maternidad


Mi segunda hija, Emma, ya tiene 4 meses y medio. Ella está siendo criada en España. Mi primer hijo, Juanmi, tiene 5 años y sus primeros años los pasó en Qatar, a unos 7000 km de España aproximadamente.




Con la crianza de Juanmi pese a estar más lejos de España me sentía más respaldada, cada vez que volvía a casa por vacaciones, mantenía más contacto con familiares y amigos.

Esta segunda maternidad está siendo diferente. Es cierto que Emma es un bebé muy querido por su familia, pero no lo suficiente como para que me incluyan en todos los planes que pensaba.

Mis hormonas los primeros meses del posparto es cierto que no me han ayudado demasiado, pero ahora que lo veo todo con más claridad me doy cuenta de muchas cosas.

Amigas de toda la vida que ni siquiera han venido a conocer a la bebé, familiares que pasan semanas y ni una llamada telefónica o WhatsApp. Personas que considerabas amigos pero que ni se han molestado en venir a conocer a la niña... Una auténtica decepción, la verdad.

Y al margen de todo esto, me he visto sumergida día tras día en la bimaternidad por un lado con un niño de cinco años celoso como sí solo, hiper demandante y portándose regular para llamar la atención de su madre de la manera que fuese, y por otro lado con una bebé cangura o koala, como quieras llamarlo, que no se separa de la teta de su madre ni para dormir.

Esto sumado a la revolución hormonal, el cansancio extremo de no dormir, el desorden del hogar, el no llegar a nada, los gritos, rabietas y llantos tanto de uno como del otro, etc. Y lo más importante el no tener a nadie con quien desahogarme, finalmente me pasó factura. He pasado cuatro meses de caerme y volverme a levantar día tras día, diciéndome a mí misma que ya no podía aguantar más, que el cansancio me mataba, que ya no tenía fuerzas para llevar adelante el tema de los celos, etc. Todo acompañado de lágrimas y más lágrimas, me pasaba los días llorando y lamentándome.

Y es que hablar con alguien y que te digan que es normal, que no haga caso, que ya se me pasará... eso no es ayudar. Ayudar es escuchar sin juzgar, y venir a verme cuando lo he necesitado, llamarme por teléfono para saber como estoy... Y no recibí una sola llamada de teléfono, ni una visita. Pasaban los días y era yo la que intentaba ir a casa de alguien a pasar el rato y a fingir que estaba bien.

Ahora me he dado cuenta que no he tenido tribu.

Y es que hoy en día ya no se le da importancia ninguna a la madre, se supone que debemos criar con una sonrisa y aguantarnos todo lo que nos pase. Debemos ser súper mamás, y si no te sientes bien no debes prestarte demasiada atención, ya se te pasará. Es un tabú.

Pero es que si no tenemos tribu es más difícil que se nos pase.

Tener tribu tiene suma importancia, son madres, hermanas, primas, amigas, mujeres que acompañan, comprenden y apoyan a la nueva madre. Comparten experiencias y sólo con una simple charla reconfortan a la nueva madre.

La tribu unida cría a la criatura y ayudan a mamá, para mantener un equilibrio en la salud y estabilidad mental de mamá.

En estos tiempos donde todo el mundo va corriendo de un lugar a otro, dónde tus amigas siempre están tan ocupadas que ni siquiera tienen tiempo para llamarte, sea por lo que sea, porque ahora que eres madre y ellas no tienen un estilo de vida diferente o por la razón que sea, el concepto de la tribu para mí se ha perdido del todo.

Me he dado cuenta que ahora mi tribu son ellos, mis dos cachorros y mi querido señor esposo que son los únicos que han estado conmigo al 100% cuando lo he estado pasando mal. También mis padres, mis suegros están cuando los necesito. Y más personas que se han quedado en mi vida y otras que han ido apareciendo en esta nueva etapa, a esas personas os doy las gracias, sabéis quiénes sois, gracias por venir, gracias por estar.

No he estado completamente sola, entiéndase, pero no he recibido el apoyo que esperaba. Me he visto en muchas situaciones a mí misma forzando los encuentros para reunirme con esas personas, porque yo quería verlas, pero ahora me pregunto, ¿Y ellas me querían ver a mí? ¿El hecho de tener dos hijos pequeños no encaja con su estilo de vida? ¿Mis hijos les molestan? En esta sociedad en la que cada uno mira hacia su propio ombligo, ya no me sorprende haber recibido este trato, lo que realmente me sorprende de mí misma es no haberme dado cuenta antes. 

Qué pena que es ahora cuando empiezo a disfrutar de mi familia de nuevo cuando se me acaba la baja por maternidad.

Bueno eso ya da para otro post.



 

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